Biblioteca en guerra

A la luz del referente de las Misiones Pedagógicas del Gobierno de la II República, la creación, gestión y coordinación de las bibliotecas en la Guerra española «ocupó un lugar preponderante dentro del programa de Cultura Popular, organismo creado bajo el amparo del Frente Popular en 1936». Este es el tema que aborda el Centro Documental de la Memoria Histórica en su episodio de «Fragmentos de memoria» dedicado a «Biblioteca en guerra«.
Esta institución explica al respecto que entre los proyectos desarrollados por el Gobierno republicano «destacan la coordinación de multitud de miembros del Ejército y del Gobierno y otros trabajadores y voluntarios, para el funcionamiento de las llamadas bibliotecas de sangre o bibliotecas de guerra, ya sean itinerantes (en cajas portátiles o bibliobuses, los cuales viajaban entre diferentes puntos de las trincheras y la retaguardia); o fijas, en sedes de grupos o partidos políticos, casas de cultura, hospitales, guarderías y campamentos infantiles y juveniles, por citar algunos ejemplos».

CDMH.
CDMH.

Como elementos de apoyo para las personas encargadas de la gestión bibliotecaria, se realizaban publicaciones como “Un año de trabajo en la Sección de Bibliotecas. Marzo 1937- Abril 1938”, del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico de 1938. En este librito, se realiza un inventario de las principales bibliotecas de la geografía española, con una descripción de sus fondos, su distribución y, en algunos casos, los planos de los edificios donde se albergaban dichas instituciones, además de incluir fotografías y mapas.
En el Centro Documental de la Memoria Histórica se custodian numerosos ejemplares de guías de lectura publicados en los años 30. Se trata de breves listados de títulos, seleccionados por temas de interés, edades o autores, que sirven como ayuda a bibliotecarios y usuarios en la elección de sus próximas adquisiciones o lecturas, como en este ejemplar en catalán, «Les guies de lectura. Conferència al curs de pràctiques 1937-1938 de l’Escola», o este otro, en ruso, “Qué leer. Revista de recomendación de bibliografía para ayuda a las bibliotecas y a los lectores”.
Los criterios para engrosar las colecciones de estas librerías van a ser explicados en esta sección por la propia Teresa Andrés Zamora,Enlace externo, se abre en ventana nueva estudiante de la Residencia de Señoritas, Delegada del Ministerio de Instrucción Pública en Valencia y encargada de las Bibliotecas de Cultura Popular durante el periodo de la Guerra Civil, en un extracto de su obra «Indicaciones sobre la organización de las bibliotecas de frentes, cuarteles y hospitales».
“En los frentes cercanos a Madrid, Valencia o Barcelona, la adquisición es siempre por compra, pero en los situados en Andalucía o Extremadura, es necesario aprovechar los libros que se puedan recoger, bien por donativo, bien por encontrarse en casas abandonadas, dentro de la zona de guerra. […] se debe tener presente que no a todos los compañeros les interesan lo mismo. […] Una biblioteca bien organizada estará compuesta de algunos libros de tipo social y político, de otras clases, de literatura moderna y contemporánea, […] de aventuras o policíacos y folletos militares, de divulgación científica y de unos cuantos temas sencillos de higiene, manuales de oficios, de agricultura, mecánica, electricidad, etc.».
Por lo tanto, los temas que podemos encontrar son muchos y muy variados, desde novelas como «Memorias del Marqués de Bradomín»Enlace externo, se abre en ventana nueva de Ramón María del Valle-Inclán, pasando por obras de teatro como «¿Comunista? Drama social en tres actos, dividido en cuatro cuadros, en prosa y en verso», de Arturo González Verdú, siendo este tipo de escritos vitales para soldados y su tiempo de ocio; hasta escritos de índole política, como Carlos Marx. Recuerdos sobre su persona y su obra y «Hombres nuevos», transcripción de el discurso pronunciado por Iosif Vissarionovich Stalin en la primera conferencia de stajanovistas de la URSS, celebrada en 1935.
Dentro de estos programas, destacan los realizados por las Brigadas Internacionales. En las unidades militares en las que se enrolaron estos voluntarios, se tuvieron en cuenta las barreras del idioma a las que se enfrentaban los nuevos compañeros de armas, también por parte de los españoles que debían comunicarse con ellos.
Para paliar estas carencias, se propusieron cursos de aprendizaje de lenguas extranjeras, actividades conjuntas, como periódicos murales, en los que se combinaban el alemán, el inglés, el francés, el castellano y el hebreo, entre otros, y la circulación de libros en diferentes idiomas, ideados para fomentar la lectura entre los combatientes extranjeros. De hecho, las Brigadas Internacionales, editaban sus propias publicaciones, que abarcan no sólo libros, sino también prensa, carteles propagandísticos y calendarios.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad