De cara al XII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, se ha abierto el plazo de envío de propuestas para la mesa-taller “Una necesaria herramienta de construcción metodológica: Microhistoria, historia desde lo local, y su importancia para la investigación histórica”. Los coordinadores de esta mesa-taller son: Miguel Ángel Melero Vargas (Universidad de Málaga), Lucía Prieto Borrego (Universidad de Málaga) y Candela Chaves (Universidad de Extremadura). Las propuestas han de enviarse a Miguel Ángel Melero Vargas (mmelero@andalucia.org).

En un comunicado difundido el 29 de enero de 2014, los coordinadores expusieron:
“El inicio de un trabajo, de un proyecto de investigación en el ámbito local, encierra una complejidad añadida, en cuanto no existe una metodología clara que lo sustente, ni tampoco una base historiográfica que permita el empleo de sus pautas.
Es más, la búsqueda de estas herramientas nos ha permitido llegar a la conclusión de la existencia, tanto de un halo de radicalidad como de indefinición en los trabajos que han abordado los conceptos de Microhistoria como de historia local.
Este hecho nos ha llevado a un abordaje ecléctico en el sentido de ser flexibles a la hora del empleo de las bases teóricas que de una u otra parte pudieran servirnos para un proceso de construcción histórica más eficaz.
No se trata por tanto en este caso de ser exhaustivos en el sentido de volver a plasmar añejos debates sobre el papel de la Microhistoria en relación a una Historia Total, ni de establecer tampoco una comparación competitiva entre Microhistoria e Historia local, sino sobre todo de construir puentes entre ambos conceptos, más cercanos de lo que a priori pudiera plantearse.
La Microhistoria, como corriente historiográfica surgida en Italia en el primer lustro de la década de los setenta del siglo pasado, persigue como objetivo la reconstrucción histórica a través de lo individual, de las historias y sucesos personales, y de la interpretación de los mismos a través de una reducción de escala en la observación.
En esta misma línea supone otorgar prioridad al análisis histórico de los procesos “microscópicos”, excepcionales y accidentales, frente a los “megaconceptos” de la Historia Total braudelina, promovida desde Annales y para la que prima el estudio de los eventos regulares, prolongados en el tiempo, como forma de reflejo de las transformaciones globales y a gran escala, pero que ignoran el anonimato.
Así, la Microhistoria invierte el modelo tradicional historiográfico por el que el conocimiento de los aspectos generales lleva al conocimiento de los concretos, defendiendo que un conocimiento escalonado de múltiples aspectos concretos, incluso en apariencia insignificantes, puede llevar a un mejor conocimiento del proceso general.
Por tanto, frente al anonimato, el individuo, y a partir de ahí el proceso de reconstrucción histórica que permita conocer, primero su entorno y contexto más inmediato, y continuar hasta la ampliación a través de su red de relaciones sociales. Es aquí donde entra a escena la Historia local, pues el individuo es, por encima de todo, habitante de su pueblo, y en con él son más estrechos sus vínculos vitales.
Esta confrontación entre la disciplina tradicional y la surgida de manera más reciente a través de los trabajos recogidos en los Quaderni Storici italianos, también se extendió a España donde un sector de historiadores han mostrado una postura desdeñosa hacia la concepción microhistórica de la investigación, situándola como mera narración de anécdotas y casos individuales, e incluso como una aplicación chovinista de parroquia y campanario en su relación con la historia local española, pero con la que se pretenden explicar los hechos generales desde su aplicación o interpretación individual.
Por su parte, los defensores de la Microhistoria abominan de la simple consideración de ésta como una mera verificación de las reglas generales o macro-históricas, o lo que es lo mismo, como una simple vía de recurrir a los casos específicos para confirmar la teoría general, lo que no quiere decir por otro lado que exista necesariamente contradicción con éstas, sino que puede ser simplemente aportar una visión distinta, sin necesidad de existencia de incompatibilidades, aunque también puede darse el caso de que la singularidad de lo local pueda cuestionar y poner en entredicho los principios postulados desde la generalidad de la Historia global.
En relación a este debate sobre el que, insistimos, nos resulta excesivo y radicalizado, y relacionado con un error de percepción y planteamiento que no parece denotar otra cosa que un enfrentamiento baldío entre posturas historiográficas, nuestro análisis crítico nos plantea numerosas dudas y preguntas, sobre las que intentaremos, de paso, ir aportando respuestas y soluciones.
En primer lugar, reducir la escala, mirar con más atención, limitar el campo de observación o bajar hasta lo individual, ¿implica también hacerlo hasta lo geográficamente más inmediato?, ¿existe por tanto también una reducción de escala geográfica que enlace la Microhistoria con la Historia local?
Para el estudio de la Historia local consideramos que efectivamente existen caminos confluyentes con la Microhistoria, sobre todo cuando contemplan ambas que el abordaje de aspectos concretos puede contribuir a un mejor conocimiento de lo general.
Para ello ambas necesitan de un análisis más detallado de la documentación y las fuentes, pues ahí se encuentra la clave interpretativa.
Por otro lado, relacionar el concepto de Microhistoria con el de “excepcional” o “accidental”, es cuanto menos arriesgado, al menos si queremos aplicarlo a la Historia local.
Y decimos esto porque consideramos que una cosa es que pueda alcanzarse un mejor conocimiento de un hecho a un nivel general a partir de aspectos concretos e individuales, y otra es que éstos últimos se presenten como aislados y emancipados del primero, anulando cualquier posibilidad de existencia de correlación entre un hecho y la interpretación que del mismo se da en un espacio geográfico local.
Cuando se afirma que la Microhistoria no supone simplemente la verificación, en un espacio más acotado, de las reglas generales de un proceso, ¿quiere decirse también que los estudios de historia local no pueden reducirse a la corroboración de que en ellos se produce lo que ocurre a nivel general?
Efectivamente lo local no puede convertirse en un simple modelo a escala de conocimiento de lo general, en un experimento que persiga la corroboración, a partir de ejemplos concretos, de una teoría general.
En este sentido, la Historia Local es relevante pues tiene la capacidad de aportar en sí misma conocimientos significativos de una realidad que se manifiesta en diversos niveles, pero al mismo tiempo para abordar un estudio local, debemos conocer primero qué ocurrió a nivel general.
De forma paralela, si el proceso de construcción histórica se establece a partir del seguimiento de un individuo, esto debería implicar el seguimiento de todos y cada uno de ellos, para no dejar fisuras; una labor imposible y que obliga a una elección de seguimiento en base a la representatividad o dimensión del individuo; una tarea imposible, por lo que habría que buscar la representatividad, y de ahí que los planteamientos de la Microhistoria sean débiles en algunos de sus puntos.
En todo caso, la Historia local no tiene por qué ser necesariamente una historia de individuos, y sí podría ser en parte una disciplina en que se produce un proceso de traslación desde lo general a su aplicación concreta en un espacio geográfico más inmediato a ese individuo, y no solo con el objeto de corroborar las tesis y supuestos generales con los ejemplos específicos, sino con la asunción de que éstos pueden complementar e incluso variar los primeros. En todo caso puede contribuir a un conocimiento más completo y “perfecto”, si se permite la expresión, de un proceso, enriquecido por las matizaciones y las interpretaciones que del mismo puedan darse en estos espacios, geográficos y temporales más acotados.
Por todo ello compartimos las tesis que defienden que el análisis de los aspectos concretos en un estudio local, debe hacerse con correlación con su contexto propio y específic, máxime cuando un buen análisis de los contextos puede convertir un trabajo, de naturaleza e intención local, en un referente más allá de sus fronteras, pues ya no contempla exclusivamente la historia de un municipio, comarca, provincia o región, sino del desarrollo en ese espacio de unos hechos que lo trascendían.
Hablamos en definitiva de un equilibrio entre dos extremos metodológicos, de Historia Total por un lado y de positivismo acontecimentista por otro, y donde se produce un acercamiento a lo local: y es que no es tanto analizar una localidad en particular, sino estudiar determinados aspectos generales en una localidad específica.
No se trata tanto, por ejemplo, de estudiar solo una ciudad, sino de analizar el impacto de un hecho histórico general en la ciudad; una concepción que implica una mayor vinculación a la Historia social o la Antropología, y cuya relación debe ser aún más estrecha en el caso de la Historia local.
En definitiva, una armonía entre el contexto histórico y la interpretación que del proceso general se da en cada espacio local.
El caso es que, con independencia de modelos metodológicos, o de batallas estériles obre aplicaciones de unos u otros conceptos, no reflejan los numerosos trabajos consultados, la simple y definitiva importancia de la Microhistoria, de la Historia local –o de un maridaje de ambas- como compromiso con una comunidad social, como vínculo humano, intelectual e incluso sentimental con un espacio geográfico, y como forma de conocimiento, interpretación y manifestación de la esencia de un pueblo, desde el enfoque más científico y riguroso”.

Acerca de TiempodeHistoria

Editor: Fernando Sígler Silvera. Doctor en Historia (UNED). ISSN 1885-6691. Copyright 2018.

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