Cartel de la conmemoración.

Cartel de la conmemoración.

El 8 de febrero de 2021 se cumplió el 80 aniversario del regreso de la Dama de Elche a España. Se trata de una escultura íbera realizada en piedra caliza entre los siglos V y IV a. C. Es un busto que representa una dama, ricamente ataviada. En la parte posterior posee una oquedad que sugiere su posible uso como urna funeraria. Originalmente estuvo policromada y con los ojos rellenos de pasta vítrea. La pieza fue hallada casualmente en 1897 en el yacimiento de La Alcudia (Elche, Alicante) y, tras el interés mostrado por el hispanista francés Pierre Paris, fue comprada por el Museo del Louvre. En 1941, fruto de un intercambio de obras de arte entre España y Francia, regresó y fue depositada en el Museo del Prado, y en 1971 pasó a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid).
El 8 de febrero de 1941 los funcionarios españoles del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, encabezados por Luis Monreal, esperaban en Portbou el tren Sud-Express procedente Francia. Esperaban el vagón que transportaba el segundo lote de las obras de arte que España y la nueva Francia de Vichy habían decidido intercambiar unos meses antes. Si en la primera entrega, realizada el 8 de diciembre de 1940, la protagonista fue la Inmaculada de los Venerables de Murillo, ahora le tocaba el turno a la Dama de Elche. Según informó el Ministerio de Cultura, “casi inmediatamente después de su hallazgo casual el 4 de agosto de 1897, la Dama de Elche fue vendida por el propietario de la finca donde se encontró al arqueólogo galo Pierre Paris. Este decidió remitir el busto al Museo del Louvre para que se formase una sala dedicada al arte ibérico, contribuyendo así a su reconocimiento internacional. No era el primer resto íbero en descubrirse, pero sí era, desde luego, la pieza maestra de los íberos, a los que se les confirió, por entonces, la categoría de ser los primeros españoles. Si la Dama de Elche quedó instalada en el Louvre, también lo hizo en el imaginario colectivo de lo hispánico. La Dama de Elche se convirtió, de esta manera, en un artefacto cultural que transcendía su condición de objeto científico para transformarse en un símbolo de identificación nacional. Como consecuencia de la salida de este busto íbero y de otras antigüedades, se abrió un debate sobre la necesidad de proteger este tipo de bienes que terminó propiciando la Ley de 7 de julio de 1911, de Excavaciones y Antigüedades.


Se tiene constancia de dos intentos de repatriar la Dama de Elche antes de 1941. El primero, en diciembre de 1928, en plena dictadura del General Primo de Rivera, no lo hizo para integrarse en las colecciones del Estado español, sino para permanecer bajo propiedad del Estado francés en la recién inaugurada Casa de Velázquez, sede del hispanismo francés. El segundo intento tuvo lugar en la primavera de 1935, entre los gobiernos radicales de centro derecha que había en las repúblicas española y francesa. Se proponía intercambiar la Dama de Elche por una obra del Museo del PradoEnlace externo, se abre en ventana nueva  a escoger de entre los maestros del barroco francés, como Watteau o Lorrain. El cambio de gobierno en España tras febrero de 1936, como consecuencia de la victoria del Frente Popular, interrumpió unas negociaciones que la guerra civil española aparcó de nuevo”.
Si la guerra de España cerró las puertas al regreso de la Dama de Elche, otro conflicto las abriría. “La derrota de Francia a manos de la Alemania nazi y la creación de la Francia de Vichy, como estado cliente de Hitler, allanó su llegada a España. Para la dictadura franquista se abría una nueva ventana de oportunidad. El 6 de mayo de 1940, días antes del inicio de la batalla de Francia, el Ministerio de Asuntos Exteriores creó la Comisión de Reivindicación de Bienes en el Extranjero con el propósito de integrar en el Tesoro Nacional las obras salidas de España”.
Según el Ministerio de Cultura, “derrotada la República Francesa, y constituida la nueva Francia de Vichy, se destacaron agentes especializados por toda Francia, dirigidos por el arquitecto restaurador de monumentos Francisco Íñiguez Almech. En octubre de 1940 retornaron 60 cajas con obras de arte que los republicanos españoles habían trasladado a Francia con intenciones que iban desde la mera protección artística, hasta los más espurios propósitos. Sin embargo, la coyuntura iba a permitir a nuestro país plantear a la desvencijada Francia un canje de obras de arte y, de esta manera, recuperar las que se consideraban piezas fundamentales del arte español.
Pero las justificaciones dadas por los agentes culturales de Íñiguez, Luis Pérez Bueno, director del Museo de Artes Decorativas, y Marcelino Macarrón, experto en el traslado de obras de arte de la Casa Macarrón, manejaron argumentos no sólo propios de la historia del arte. Si la propuesta presentada al ministro francés, Georges Ripert, indicaba que la mencionada Inmaculada de Murillo era la imagen más perfecta de la Patrona de España, la ibérica Dama de Elche y su peculiar tocado pervivían todavía en el tiempo, en Valencia, por lo que constituía una manifestación de la tradición española. Por último, las coronas visigodas del Tesoro de Guarrazar fueron presentadas como una de las primeras manifestaciones de la fe católica de los españoles. España proponía a Francia para el canje un Velázquez, el retrato de Mariana de Austria, un Greco , a escoger, y una porción de la tienda de campaña de Francisco I, cuando fue capturado por Carlos I en la batalla de Pavía (1525). Francia aceptó la propuesta como compensación y también como una estrategia para evitar males mayores.
La Dama de Elche quedó integrada en el entonces denominado Tesoro Nacional y quedo instalada en el Museo del Prado el 10 de febrero de 1941. Pero lo que fue un intercambio de obras de arte, la dictadura franquista no lo definió como tal ante los españoles. Se difundió la idea de “devolución”, “rescate” o “restitución” de la Dama de Elche, y, por supuesto, nada se dijo de la salida del Velázquez o la otra obra de El Greco. La propagada de la dictadura mantuvo este relato a través del tiempo, haciendo que aún perviva en nuestro imaginario colectivo, y pecunario”.

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