Cábala y alquimia en el Quijote

RESEÑA

El caballero del oro fino. Cábala y alquimia en el Quijote, de Pere Sánchez Ferré, Oviedo, Masónica, 2026, 213 páginas. ISBN: 979-13-88308-00-0

Reseñado por Juan José Morales Ruiz, Profesor Tutor jubilado del Centro de la Universidad de Educación a Distancia (UNED) en Calatayud; miembro del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME) de la Universidad de Zaragoza.

Descubrir lo desconocido no es una especialidad de Simbad, de Erico
el Rojo o de Copérnico.
No hay un solo hombre que no sea un descubridor.
Empieza descubriendo lo amargo. Lo salado, lo cóncavo, lo liso, lo áspero,
los siete colores del arco y las veintitantas letras del alfabeto;
pasa por los rostros, los mapas, los animales y los astros;
concluye por la duda o por la fe y por la certidumbre
casi total de su propia ignorancia
.

Jorge Luis Borges (I)

Cubierta del libro.
Cubierta del libro.

Dentro de la Biblioteca de la Tradición Hermética de la Editorial Delfos, se ha vuelto a publicar El Caballero del Oro Fino. Cábala y Alquimia en el Quijote, del profesor Pere Sánchez Ferré. Un libro cuya primera edición es de 2002. Y es que nos encontramos veinticuatro años después, con una obra que no ha perdido vigencia.
El caballero del oro fino ofrece al lector una visión cautivadora y sorprendente del Quijote. En sus páginas, se descubre un “código” oculto, un lenguaje de símbolos e imágenes de cábala y alquimia.
El autor, Pere Sánchez Ferré, historiador riguroso, y profundo, recoge y analiza con buen criterio y erudición todos los elementos que, dispuestos a lo largo de la obra cervantina, configuran un trasfondo hermético y altamente simbólico. Don Quijote de la Mancha, la obra maestra de don Miguel de Cervantes, se nos revelan como un verdadero tesoro iniciático.
Bajo el velo de lo cómico, aflora un auténtico tratado de caballería entendido como una vía del despertar. Signos, símbolos, historias y juegos de palabras se entretejen con sutileza para transmitir una enseñanza iniciática, situada en la encrucijada de la metafísica no-dual, la cábala y el hermetismo.

Lectura de una obra hermética
El Quijote es «un texto para los venideros tiempos», como dijo Cervantes. “Hoy como ayer -dice Pere Sánchez- el Quijote, la obra cumbre de la literatura española, está íntimamente asociada a la risa, pues revela los misterios provocando la hilaridad del lector.
Es el antiguo método dionisíaco. Su decir velado encierra el secreto de la regeneración del ser humano, lo cual he tratado de poner de manifiesto auxiliado por la hermenéutica tradicional y sus métodos exegéticos, que son los que empleó el sabio Cervantes. Es demasiado preciso para ser literatura. Hay mucho más
“Pocos textos han suscitado tantas interpretaciones y comentarios como el Quijote. Algunos han visto en las aventuras del caballero y su escudero, desde un libro mal escrito que desacredita los libros de caballerías, hasta un canto a la libertad y una encendida defensa de la modernidad. Ciertos autores han hecho bailar las letras al son de cábalas muy personales, y otros han afirmado que es un tratado de esoterismo. Otros han descubierto su criptojudaísmo. Incluso hay otros que llegan a afirmar que Cervantes fue un sabio judío de Sanabria.
Los alquimistas, por su parte, consideran que el Quijote es una obra hermética. Y varios autores franceses interpretan en clave esotérica la obra de Cervantes”. En este sentido, Sánchez Ferré, se hace eco de un comentario de Octavio Paz que hablando de el Quijote escribe:” No hay ventanas, hay espejos”, buscamos lo conocido y en lugar de conocer, identificamos, sin comprender lo que leemos, porque nuestros ojos sólo ven con las certezas de la vida. Mientras en los Campos Elíseos Cervantes se ríe olímpicamente esperando un tiempo, en el que” anudando este roto hilo, diga lo que aquí me falta y lo que me convenía” (Persiles, prólogo escrito por Cervantes antes de morir).
“Parece que Don Miguel de Cervantes ha escrito su revelación para que sea leída en este mundo; en su obra nuestro héroe cuenta su historia para instrucción de caballeros andantes a fin de que vean los pasos que han de seguir. La primera novela moderna es un libro de instrucciones, una obra literaria que procede de una revelación: en sus páginas se oculta el secreto de la caballería, un alegre y hermoso texto convertido en acervo común de la humanidad letrada y pieza mayor de cultura hispánica que justifica él solo la existencia de nuestra literatura”.
Pere Sánchez mantiene que no sólo hemos de amar la obra, sino que además debemos creer en ella, aunque sea tanto como creer en lo increíble, al igual que lo hace don Quijote. Nuestra pasión cervantina debería sustentarse en el deseo y el gusto por la verdad.
“Creamos -dice- en la realidad sagrada de los caballeros andantes, y no en las apariencias vulgares, pues ¿cómo amar a quien no se da crédito? Digámoslo con claridad: aspiramos a una lectura en la que las palabras se abran ante nuestros ojos y veamos brillar su luz, el sentido radical del texto. Vindiquemos una mirada comprometida con el autor, una única forma de descubrir su intención. Y con esta, la luz oculta en las palabras. Mirada también inocente hasta tocar el núcleo de la palabra, mirada hundida en la carne del texto hasta que emerja la radiante claridad de este libro cerrado, que necesita comento.
“Nosotros nos resistimos a la tentación de buscar lo que no amamos o de estudiar aquello en lo que no creemos, para que el objeto de nuestro amor no se cierre ante la sequedad de nuestra mirada, y quedemos separados para siempre de su saber y su luz. El libro es de todos y para todos. Pero de nada valen trampas ante letras vivas, porque Don Miguel engaña por igual a obtusos e inteligentes con la desarmante simplicidad de su literalidad, o bien con su decir velado. Como decía Cattiaux: “los demasiado simples toman lo dorado por el oro, y los demasiado inteligentes rechazan el oro a causa del dorado”
“En nuestro estudio del Quijote -escribe Sánchez Ferré- partimos de la convicción de que el pensamiento hermético preside esta obra, por lo tanto, la interpretación que ofrecemos a la consideración de los lectores está basada en una concepción hermética del Quijote (…)
“No se trata de hacer decir a las palabras lo que no dicen, pero tampoco nos convencen las interpretaciones de quienes atribuyen a los autores clásicos o a Cervantes, nociones que ignoraban, ideales desconocidos entonces, o que no interesaban a nadie, y motivaciones que no existían como tales en la época que vivieron. No deseamos empequeñecer el mundo, disminuyendo una obra inmortal. Nos proponemos ir por el camino del hermetismo y de la hermeneútica tradicional que le es propia. Camino que algunos han andado ya antes que nosotros y nos han servido de ayuda y de guías valiosos”.

Un ejemplo: el prólogo de la primera parte del Quijote
Conviene detenerse en algunas de las precisiones que hace Cervantes en el prólogo de la primera parte de su obra, como remarca Pere Sánchez: observamos -afirma- que el libro no va dirigido a todos, sino a un “desocupado” y “suave” lector. Debe estar desocupado, vacío, para que sin trabas pueda llenarse de la Verdad de la Mancha. Este buen lector que ha de ser suave (del latín suavis, sin asperezas, porque la Verdad solo puede ser percibida por quien tiene los sentidos pulidos, suavizados, es decir, purificados. Cervantes escribe para un discípulo y no para los lectores ordinarios.
“Cervantes confiesa que le hubiera gustado ofrecerle al lector la historia “monda y desnuda”, dedicarle un libro sin mancha, puro, abierto, sin las cortezas que cubren la luz que lo habita, pero como ha sido escrito en el exilio y debe ser leído en él, su genio no ha podido contravenir el orden de naturaleza” Y la luz que contiene está necesariamente velada por la escritura de este mundo, “como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento”. Por otra parte, en términos alquímicos un calabozo es un atanor, el lugar cerrado donde el adepto “cuece” su Materia.
Y una precisión que me parece que no es simplemente un detalle, el profesor Pere Sánchez, recuerda que, en su trabajo sobre el Prólogo del Quijote, J. Peradejordi hace observar que la obra comienza con la letra “D”, en hebreo dalet vocablo que significa también “puerta”. Fray Luis de León en sus Nombres de Christo escribe que la letra hebrea dalet se emplea como artículo determinado, y corresponde a la española D”.
Pere Sánchez, hablando de la cábala, trae a colación lo que dice el Zohar, obra cumbre de la cábala hispano-hebrea, dice: cuando un profano contempla a un hombre, no ve más que el cuerpo, pero el sabio percibe también el envoltorio del alma”. Y también que la Escritura sólo revela sus misterios a sus amantes. Los no iniciados pasan por su lado sin ver nada. El caballero sabe, y el vulgo no. Don Quijote dice que “el vulgo no es solamente el pueblo bajo, porque: todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo”

Una lectura que permite muchas lecturas
La lectura del Quijote que nos propone en su libro el profesor Sánchez Ferré demuestra la rara y extraordinaria cualidad de que la obra de Cervantes permite muchas lecturas porque sobre todas las cosas se trata de un texto vivo. Pero, sin embargo, “el siglo mundano no reconoce la gesta del caballero solar don Quijote, héroe del bien llamado Siglo de Oro español, y no ha visto más que un bufón y un loco allí donde podía haber descubierto el claro signo de un profeta y un sabio, don Miguel de Cervantes Saavedra bajo todas sus máscaras. Uno entre mil”.
El libro del profesor Pere Sánchez me parece es indispensable si se quieren atravesar con éxito las zonas semi oscuras del Quijote, y llegar a buen puerto.

Nota
(I) BORGES, Jorge Luis, Atlas (con la colaboración de María Kodama) Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1984.

Contenido del libro
Introducción
1. La lectura de una obra hermética
I. La orden de la caballería andante
II. El caballero don Quijote de la Mancha
III. El escudero Sancho Panza
1. El caballo y el asno
IV. La Dama Dulcinea del Toboso
V. Cervantes y el judaísmo. El relato de Ricote
VI. El prólogo de la primera parte del Quijote.
A un lector.
La Visita y el don.
La instrucción.
La erudición verdadera y las claves de la escritura.
La herencia.
VII. Don Quijote, ordenado caballero en la venta.
VIII. La aventura de los molinos de viento.
1. Gigantes, molinos o la mala semilla.
IX. Los misterios de la noche.
1. El descenso a los infiernos.
2. El Caballero de la Triste Figura.
3. «Aquella agua en cuya busca venimos»
4. El verdadero protagonista.
5. La noche de la disolución.
6. Seis mazos de batán.
7. «Cosa digna de risa»
X. La cueva de Montesinos.
XI. Una historia con final «desastrado»
XII. La victoria de los elegidos.

Sobre el autor
Pere Sánchez Ferré es Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad de Barcelona (1988). Miembro fundador del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (1984). Ha impartido cursos en varias universidades sobre historia de la masonería, sus doctrinas y su lenguaje simbólico. Asimismo, ha publicado varias obras, entre ellas, La masonería y los masones españoles del siglo XX. Los pasos perdidos (2012). La masonería. Símbolos, doctrinas e historia (2015). El caballero del oro fino. Cábala y alquimia en el Quijote (2002). El alma, el espíritu y el sentido. Las mutaciones del lenguaje en la espiritualidad occidental (2016). Y ha publicado numerosos trabajos sobre la tradición iniciática y el hermetismo.

 

 

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