Cartel de la exposición virtual.

Cartel de la exposición virtual.

El Archivo General de Simancas publicó el 9 de junio de 2020 una exposición virtual titulada “El archivo real violentado“, con motivo del quinto centenario del saqueo de la casa del comendador Garci Ruiz de la Mota en Burgos, dentro del movimiento de las Comunidades de Castilla. El archivo explica así aquel acontecimiento: “El 10 de junio de 1520, una multitud enfurecida saqueaba en Burgos la casa del comendador Garci Ruiz de la Mota, profanando arcas con documentos relativos a la Corona y patrimonio real, pertenecientes al joven rey Carlos I, que allí se custodiaban. Para entender mejor este grave suceso, en los comienzos del movimiento de las Comunidades de Castilla (1520-1522), debemos remontarnos varios años atrás… El 23 de enero de 1516 murió el rey Fernando el Católico. Doña Juana era la legítima soberana de los territorios de la Corona de Castilla, pero dada su incapacidad (cierta o no), su hijo el príncipe Carlos (nacido y educado en Flandes) había sido nombrado gobernador de los reinos de Castilla. Hasta su llegada se encargaría de la regencia el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo.Sin embargo, en marzo de 1516 Carlos se autoproclamó rey de sus posesiones hispánicas, planteando un problema dinástico que tardaría en olvidarse… En septiembre de 1517 llegó el joven monarca a sus reinos de Castilla, sin saber hablar apenas castellano, y con toda una corte de nobles y clérigos extranjeros, particularmente interesados en prosperar con cargos y prebendas reservados a los castellanos (una fuente de conflicto con la nobleza de la tierra). Pero no todos los recién llegados eran flamencos y borgoñones. También había castellanos, como el obispo de Badajoz, Pedro Ruiz de la Mota, miembro del Consejo Real y uno de los hombres de confianza del rey Carlos I”.

“El obispo Mota había comenzado su carrera en el círculo cortesano de la reina Isabel la Católica, de quien fue capellán y predicador a comienzos del siglo XVI. Luego había entrado en el Consejo del rey Felipe I de Castilla, y fue capellán y predicador de la reina doña Juana. Tras la muerte de Felipe (1506) algunos de sus partidarios (entre ellos Pedro Ruiz de la Mota) abandonaron Castilla para establecerse en Flandes, donde se pusieron al servicio del príncipe Carlos. En la Corte flamenca Pedro prosperó, especialmente desde la autoproclamación de Carlos como rey. En 1516 fue nombrado limosnero mayor de la capilla en la Casa de Borgoña y obispo de Badajoz. En octubre de 1516 entró a formar parte del Consejo Real, convirtiéndose en Flandes en uno de los mentores de la política castellana del rey Carlos, junto a García de Padilla, lógicamente a la sombra del todopoderoso Chièvres (Guillermo de Croy, señor de Chièvres).

En febrero de 1518 tuvieron lugar en Valladolid las Cortes de Castilla, en las que se juró como rey a Carlos, y éste consiguió que le concedieran un buen servicio extraordinario de doscientos millones de maravedíes (un impuesto a favor del monarca). En estas Cortes actuó como presidente Pedro Ruiz de la Mota (junto con el canciller Jean de Sauvage), encargado de leer el discurso de la Corona.

En las Cortes de Santiago y La Coruña (marzo-abril de 1520) el obispo de Badajoz volvió a ejercer la presidencia, esta vez junto al gran canciller Mercurino Arborio Gattinara. Mota leyó el memorable discurso de la Corona, en el que expuso las razones que obligaban al monarca a partir hacia Alemania (para asumir sus obligaciones, tras haber sido elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) y a pedir un nuevo servicio (para los gastos de su viaje, los derivados de la elección imperial, etc.).

Tras unas breves palabras del rey, uno de los dos procuradores de Burgos, Garci Ruiz de la Mota, comendador de Montijo (Orden de Santiago) y hermano del obispo de Badajoz, respondió al discurso, aprobando todo lo dicho y mostrándose favorable a la concesión del nuevo tributo (a pesar de tener mandato en contra de Burgos). El comendador Mota contribuyó en gran medida a que otros procuradores votaran también a favor de impuesto. Finalmente, tras muchas presiones y maniobras, las Cortes concedieron el servicio. El monarca, antes de abandonar Castilla, concedió a Garci Ruiz de la Mota dos pensiones en agradecimiento a su apoyo.

El 20 de mayo de 1520 el rey Carlos se embarcó con su corte en La Coruña, con dirección a Flandes. En la flota le acompañaba Pedro Ruiz de la Mota. Antes de la partida el obispo de Badajoz había dejado en depósito en Burgos, en casa de su hermano Garci Ruiz de la Mota, varias arcas del Rey que tenía en custodia, y que contenían un valioso tesoro: documentos tocantes a la Corona y patrimonio real, principalmente de época de los Reyes Católicos.

El monarca dejaba atrás unos territorios sumidos en una profunda crisis, que se había iniciado tras la muerte de Isabel la Católica (1504). Castilla era un gran polvorín con muchos problemas chisporroteando: la cuestión dinástica y la ausencia de un poder real fuerte; los intentos de la alta nobleza por recuperar poder político; las tensiones de una burguesía industrial frente a otra burguesía mercantil y la nobleza asociadas a los beneficios del comercio de la lana; las tentativas de una parte del campesinado por liberarse de las servidumbres del régimen señorial; la llegada de un soberano extranjero, elegido emperador, con una política exterior que parecía sacrificar los intereses castellanos; etc.

La rebelión comunera ya había comenzado en abril en Toledo, desde donde se extendería por Castilla. Tras la marcha del rey, comenzaron las protestas o revueltas populares en otras ciudades (Segovia, Zamora, Burgos, Guadalajara, León y Ávila), a finales de mayo y junio. Los incidentes, de carácter antifiscal, se centraron especialmente contra los procuradores que habían votado a favor del impuesto en las Cortes de Santiago y La Coruña, los corregidores y sus colaboradores, y los recaudadores de impuestos.

En Burgos la revuelta estalló el 10 de junio de 1520, y duró varios días. La gente ocupó la fortaleza, hizo huir a las autoridades locales y se adueñó de la ciudad. Nombraron nuevo corregidor a Diego de Osorio, y asaltaron las casas de las personas notables de la ciudad más impopulares: Garci Ruiz de la Mota, los recaudadores de impuestos Diego de Soria y Francisco de Castellón, el francés Jofre de Cotannes que había recibido la fortaleza de Lara, etc. Jofre, aunque huyó de Burgos, sería luego capturado y linchado.

Dada la actuación de Garci Ruiz de la Mota en las Cortes de Santiago y La Coruña, no extraña que el pueblo de Burgos fuera contra él. Como estaba ausente, saquearon su casa, derribaron y quemaron parte de ella, destruyeron bienes, violentaron las arcas con los documentos del rey que allí había dejado el obispo de Badajoz, quemaron y tomaron documentos… No obstante, parece que mucha de esta documentación se pudo mantener en la misma casa de Mota, donde en 1545 continuaba siendo conservada por su viuda (Catalina de Lerma). Los documentos tomados en junio de 1520 que consiguieron recuperarse, fueron depositados más tarde en el monasterio de San Francisco de Burgos, gracias a la diligencias realizadas por el Condestable de Castilla (Íñigo Fernández de Velasco) y el padre guardián de aquel convento.

Fray Prudencio de Sandoval, en su Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, nos proporciona una imagen impactante del saqueo de la casa de Mota, la cual parece bastante verosímil a la luz de los documentos conservados en el AGS:«Fueron a la casa de Garci Ruiz de la Mota, procurador que había sido de aquellas Cortes, hermano del maestro Mota, obispo de Badajoz y de Palencia, para lo matar; y como no pudo ser habido, porque siendo avisado huyó, derribáronle y quemáronle la casa, donde se abrasaron muchas escrituras y privilegios reales y otros papeles de importancia tocantes al rey y al reino, que estaban a su cargo. Y le quemaron la hacienda de ropa y tapicería. Y lo que quemaron en la casa de Mota valía más de tres cuentos [millones]; sacándolo a la plaza, donde hicieron la hoguera, a la cual llevaron todo el mueble que se halló en su casa de ropa blanca, y tapicería muy rica, y vestidos y cuantas arcas había en ella. Y lo sacaron y lo quemaron públicamente, sin se querer aprovechar de cosa alguna; que es harto de maravillar, considerada la condición de la gente baja.Entre las arcas que tomaron había una donde estaban todos los títulos de escrituras tocantes al derecho del reino, y como las arcas donde estaban comenzaron a arder y se descubrieron las escrituras, hubo personas que, aunque no sabían lo que era, procuraron salvar las que pudieron; y si bien se quemaron algunas, fuera el daño mayor si no se hiciera esta diligencia. Y también como tenía estos títulos en guarda Juan Velázquez, que era contador mayor cuando falleció, el Emperador mandó hacer una memoria de ellos, y por aquí se remedió gran parte del daño.»
Lo que había en casa de Garci Ruiz de la Mota era un «archivo real», dado que constituía un conjunto de arcas con documentos de archivo pertenecientes al Rey, tocantes a la Corona y al patrimonio real, en su mayoría de época de los Reyes Católicos. Sin embargo, aquello no constituía un «Archivo real», en el sentido de lugar e institución archivística de la Monarquía castellana, es decir: no era un depósito destinado a concentrar, de manera estable y «definitiva», documentos de la Corona; tampoco había allí un oficio especializado encargado de la gestión archivística de esa documentación.

Tenemos que recordar que el único oficio de «archivero» de la Monarquía castellana que existía entonces era el tenedor de las escrituras reales, creado por Fernando el Católico en 1509. El primer tenedor había sido el bachiller Diego de Salmerón, que desempeñó el cargo hasta su muerte en 1519. El 14 de marzo de 1519 el rey Carlos expidió en Barcelona una real provisión por la que nombraba nuevo tenedor de las escrituras reales al licenciado Francisco Galindo (yerno de Salmerón). Sin embargo, parece que Galindo sólo se centró en custodiar la colección documental formada por Salmerón, formada principalmente por copias autorizadas de los documentos de mayor relevancia jurídica para la Corona castellana (Véase la exposición virtual Un archivero sin depósito de archivo, URL: https://bit.ly/2BF6pxbEnlace externo, se abre en ventana nueva). Los documentos originales estaban siendo custodiados por los que ahora eran los hombres de mayor confianza del rey Carlos. El obispo Pedro Ruiz de la Mota, miembro del Consejo Real, era uno de ellos.

En Burgos, Diego Osorio, ante su imposibilidad de reestablecer la situación anterior abandonó la ciudad y cedió su cargo de corregidor al Condestable de Castilla, que lo ocupó el 15 de junio de 1520.

Posteriormente el Condestable encargó a Pedro de Guevara que comunicará al rey las actuaciones que aquel había realizado en Burgos, en junio de 1520, las cuales quedaron registradas en un memorial conservado en el AGS (PTR,LEG,3,186; URL de su descripción en Pares: https://bit.ly/308hzVkEnlace externo, se abre en ventana nueva) (Véase la imagen nº 1). En este documento se hace referencia al saqueo de la casa de Garci Ruiz de la Mota, y a la preocupación del Condestable por recuperar los documentos tomados y depositarlos en el monasterio de San Francisco de Burgos. También se señala que un clérigo llevó al Condestable los testamentos de los Reyes Católicos, por lo que aquel custodiaría este material hasta que el monarca le comunicase a quién lo debía entregar. Años después ingresarían en el Archivo de Simancas el testamento original de Isabel (PTR,LEG,30,2,1; URL de su descripción en Pares: https://bit.ly/3eMZZKrEnlace externo, se abre en ventana nueva) (Véase la imagen nº 2) y el traslado del testamento de Fernando (PTR,LEG,29,52,1; URL de su descripción en Pares: https://bit.ly/2U9issQEnlace externo, se abre en ventana nueva) (Véase la imagen nº 3). La información concreta que figura en el memorial es la siguiente:«Lo quel señor don Pedro de Guevara a de llevar por memoria por me hacer merced es esto: […] El dia que echaron de aqui al corregidor y a sus tenientes hizo la comunidad a don Diego Osorio que por fuerza tomase la vara de la justicia, y con ella ni con cuantas diligencias hizo, no pudo impidir ni estorbar que no hiciesen muchos desatinos como fue las casas que quemaron, la casa de Garci Ruiz que saquearon y derribaron parte della, la toma de la fortaleza, la muerte de Jofre [Joffre de Cotannes]. […] Decir como he hecho todas las diligencias posibles porque pareciesen todas las escripturas que no fueron quemadas o ronpidas, y las que an parecido las he hecho poner a recaudo en el monasterio de San Francisco desta ciudad.Decir como un clérigo trujo el testamento del rey y de la reina, que Dios aya, estando juntos los regidores que aqui ay y los procuradores de la comunidad. Y yo le tome. Y aunque me le an pedido muchas veces no lo he querido dar. Y yo le tengo para entregalle a quien su Majestad mandare»”.

Acerca de TiempodeHistoria

Editor: Fernando Sígler Silvera. Doctor en Historia (UNED). ISSN 1885-6691. Copyright 2018.

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